Como su trabajo es llevar a la gente en su coche, se encuentra con clientes a quienes intenta contárselo.
El primer cliente es un militar con quien intenta entablar una comunicación. El militar empieza siendo el emisor en una comunicación lineal donde el mensaje es de continua queja frente al cochero. Éste último busca la manera de contarle la situación, y comienza una conversación acerca del hijo de Yona. El cochero se equivoca y el militar le reprocha. Cuando el cochero Yona quiere retomar el tema de la conversación, recibe una retroalimentación de parte del militar cuando éste cierra los ojos como un mensaje de desinterés.
Se vuelve repetidas veces hacia su cliente, deseoso de seguir la conversación; pero el otro ha cerrado los ojos y no parece dispuesto a escucharle.
Luego llegan tres nuevos clientes jóvenes, al parecer borrachos y también irrespetuosos, se burlan de su gorro, lo apuran, le pegan, etc; mientras el cochero les ofrece una retroalimentación positiva, y trata de agradarles siendo que ellos sólo le pagarían veinte copecs. Yona les quiere contar lo sucedido, la muerte de su hijo, y cuando lo hace recibe de los tres jóvenes una retroalimentación negativa que bloquea la conversación:
Yona se vuelve de nuevo hacia los clientes y dice:
El primer cliente es un militar con quien intenta entablar una comunicación. El militar empieza siendo el emisor en una comunicación lineal donde el mensaje es de continua queja frente al cochero. Éste último busca la manera de contarle la situación, y comienza una conversación acerca del hijo de Yona. El cochero se equivoca y el militar le reprocha. Cuando el cochero Yona quiere retomar el tema de la conversación, recibe una retroalimentación de parte del militar cuando éste cierra los ojos como un mensaje de desinterés.
- ¡A la derecha! -óyese de nuevo gritar furiosamente-. ¡Parece que estás ciego, imbécil!Yona estira de nuevo el cuello como un cisne, se levanta un poco, y de un modo torpe, pesado, agita el látigo.
- ¡A ver! -dice el militar-. Ve un poco más aprisa. A este paso no llegaremos nunca. ¡Dale algún latigazo al caballo!
Se vuelve repetidas veces hacia su cliente, deseoso de seguir la conversación; pero el otro ha cerrado los ojos y no parece dispuesto a escucharle.
Luego llegan tres nuevos clientes jóvenes, al parecer borrachos y también irrespetuosos, se burlan de su gorro, lo apuran, le pegan, etc; mientras el cochero les ofrece una retroalimentación positiva, y trata de agradarles siendo que ellos sólo le pagarían veinte copecs. Yona les quiere contar lo sucedido, la muerte de su hijo, y cuando lo hace recibe de los tres jóvenes una retroalimentación negativa que bloquea la conversación:
Yona se vuelve de nuevo hacia los clientes y dice:
- Y yo, señores, acabo de perder a mi hijo. Murió la semana pasada...Al final no habiendo encontrado a una persona que lo escuchara, decide desahogarse con su caballo a quien alimenta mientras le cuenta la historia. De parte del caballo no recibe retroalimentación de ningún tipo debido a que éste está siempre con su amo quien lo alimenta y lo cuida.
- ¡Todos nos hemos de morir!-contesta el chepudo-. ¿Pero quieres ir más aprisa? ¡Esto es insoportable! Prefiero ir a pie.
- Si quieres que vaya más aprisa dale un sopapo -le aconseja uno de sus camaradas.

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