miércoles, 21 de mayo de 2014

Caso del Museo de La Plata

                El museo de ciencias naturales ubicado en la ciudad de La Plata, fundado en el año 1877 por Francisco Moreno, es parte de la Facultad de Ciencias Naturales y Museo de la Universidad Nacional de La Plata.
Este museo tiene la particularidad de exhibir, entre otras cosas, restos humanos indígenas, que durante muchos años, estuvo en el centro de discusión y polémicas entre originarios, historiadores, fotógrafos, antropólogos, documentistas, políticos, entre otros.

             Su fundador, Francisco (Perito) Moreno, fue un científico, naturalista, conservacionista, político, botánico, explorador y geógrafo de la Generación del Ochenta de la Argentina, y conocido además, por ser coleccionista de cráneos, según nos cuenta el periódico Mapuche "Azkintuwe":
"Moreno era un coleccionista de cráneos: a los 20 años tiene 300 en un museíto en su casa, a los 23 tiene 700, y cuando inaugura el Museo de La Plata ya tiene una colección de 1000 cráneos”, cuenta Fernando Pepe, partícipe de un grupo de estudiantes que promueve la restitución a las comunidades.

             Se dice y está comprobado, que los restos indígenas fueron saqueados de cementerios mapuches. Otros corresponden a víctimas de la “Campaña al Desierto” (campaña militar llevada a cabo por el gobierno argentino (Roca en la presidencia) contra las naciones mapuche y ranquel, con el objetivo de obtener el dominio territorial de la Pampa y la Patagonia oriental, hasta entonces bajo dominio indígena), o fueron asesinados por expediciones organizadas desde el propio Museo. Algunos estuvieron cautivos, fueron vejados y murieron en el propio edificio.
              Uno de los casos más importantes y destacados, fue el cautiverio del cacique Inacayal, líder de la comunidad mapuche, quien en 1879, tras encontrarse con Moreno, en Tecka, cerca del Lago Nahuel Huapi, no imaginó que su vida terminaría como prisionero en el Museo de La Plata, conviviendo con restos de sus allegados expuestos en una vitrina.
"Ustedes huinca, matan a mi gente, me traen acá, quiero volver a mi tierra". - Inacayal
Inacayal muere prisionero en el Museo de La Plata donde sus restos fueron exhibidos. Los mismos fueron restituidos mediante una ley nacional en 1994 de manera incompleta, ya que su cerebro y cuero cabelludo aún se encuentran en el Museo.
               El conflicto central de este museo, son los constantes reclamos por parte de la comunidad indígena, quienes se oponen a la exhibición de restos humanos en el Museo y reclaman su restitución a los lugares de origen. Estos mismos afirman que fueron arrebatados sus derechos y los de sus antepasados:

“Fueron prisioneros. Estuvieron en su propia tierra privados de su libertad, de su propia esencia, de su cosmovisión, de su cultura, de su modo de vida. Fueron separados de sus hijos, entregados como mano de obra barata".
 “NOS DEBEN RESPETO. Muchos de ellos han hecho sus tesis y todo lo demás a costa de la sangre y la memoria de nuestros antepasados. Queremos que se devuelvan a la brevedad todos los restos de aborígenes que están en el museo. Que se restituyan a los descendientes, a sus comunidades de origen o a las regiones donde estuvieron asentados”.
“Exposición no es solamente cuando vos lo mostrás al público al que le estás cobrando. Está expuesto a todos los investigadores, cuando tiene que estar con su pueblo. Está expuesto al que lo mira todos los días y lo clasifica arriba de una mesa”. - Victorina Melipan, dirigenta de una comunidad mapuche-tehuelche de Villa Elisa que recibe el nombre “callvu-shotel”.
Un grupo interno de estudiantes de antropología, de la Facultad de Ciencias Naturales (G.U.I.A.S.), tomó la iniciativa contra este conflicto y se fijaron un desafío: lograr que el Museo tome la iniciativa y retorne los “trofeos de guerra” a sus tierras y a sus respectivas comunidades, anticipándose a los reclamos.


                 Podemos concluir de este caso, que la falta de relación comunidad-institución, además de segundos intereses (económicos, políticos, etc), hacen relentecer la restitución de los restos humanos indígenas a sus pueblos de orígen. Existe un gran problema de comunicación y de cultura, teniendo en cuenta que en este tema, una cultura está exhibiendo a otra, sin aceptar opiniones de otras culturas sobre cómo exponer sus ideas.
Este tema tiene mucho que ver con la identidad y el territorio, es decir, a grandes rasgos, el reclamo de las comunidades radica no sólo en la devolución de sus ancestros, sino también dejar en claro que los restos pertenecen al lugar donde ellos vivieron, lugar donde pertenecen, donde corresponden ser enterrados.
Si bien es un tema bastante difícil y con diversas aristas por donde atacarlo, creemos que una posible solución que abarca todo lo que es el conflicto de los reclamos de los indígenas, pero también el punto de vista del diseño del museo, sería, antes de devolver cada resto humano y piezas de los indígenas a los pueblos originarios de donde pertenecen, fotografiar a los mismos con el fin de digitalizar por completo el museo de la plata, creando modelos 3D, y galerías digitales interactivas, para así contextualizar el museo de La Plata con la época en la que vivimos. De ésta forma, no sólo se estaría cumpliendo con los justos reclamos de los indígenas, sino también mejorando la comunicación entre Museo-Público, ya que no solo sería una comunicación lineal, donde el público ve los objetos y piezas exhibidas, sino que habría interacción de ambas partes, formando de esta manera una comunicación circular.
 







Análisis de Comunicación en "La tristeza" de Anton Chejov

            En el cuento se ve la historia de un cochero, de nombre Yona, ansioso de ser escuchado por alguien. Según la historia, su hijo ha fallecido y él tiene la necesidad de desahogarse contando lo sucedido a alguien.
Como su trabajo es llevar a la gente en su coche, se encuentra con clientes a quienes intenta contárselo.
El primer cliente es un militar con quien intenta entablar una comunicación. El militar empieza siendo el emisor en una comunicación lineal donde el mensaje es de continua queja frente al cochero. Éste último busca la manera de contarle la situación, y comienza una conversación acerca del hijo de Yona. El cochero se equivoca y el militar le reprocha. Cuando el cochero Yona quiere retomar el tema de la conversación, recibe una retroalimentación de parte del militar cuando éste cierra los ojos como un mensaje de desinterés.

- ¡A la derecha! -óyese de nuevo gritar furiosamente-. ¡Parece que estás ciego, imbécil!
- ¡A ver! -dice el militar-. Ve un poco más aprisa. A este paso no llegaremos nunca. ¡Dale algún latigazo al caballo!
Yona estira de nuevo el cuello como un cisne, se levanta un poco, y de un modo torpe, pesado, agita el látigo.
Se vuelve repetidas veces hacia su cliente, deseoso de seguir la conversación; pero el otro ha cerrado los ojos y no parece dispuesto a escucharle.
Luego llegan tres nuevos clientes jóvenes, al parecer borrachos y también irrespetuosos, se burlan de su gorro, lo apuran, le pegan, etc; mientras el cochero les ofrece una retroalimentación positiva, y trata de agradarles siendo que ellos sólo le pagarían veinte copecs. Yona les quiere contar lo sucedido, la muerte de su hijo, y cuando lo hace recibe de los tres jóvenes una retroalimentación negativa que bloquea la conversación:

Yona se vuelve de nuevo hacia los clientes y dice:

- Y yo, señores, acabo de perder a mi hijo. Murió la semana pasada...
- ¡Todos nos hemos de morir!-contesta el chepudo-. ¿Pero quieres ir más aprisa? ¡Esto es insoportable! Prefiero ir a pie.
- Si quieres que vaya más aprisa dale un sopapo -le aconseja uno de sus camaradas.
Al final no habiendo encontrado a una persona que lo escuchara, decide desahogarse con su caballo a quien alimenta mientras le cuenta la historia. De parte del caballo no recibe retroalimentación de ningún tipo debido a que éste está siempre con su amo quien lo alimenta y lo cuida.